Se está gestando un nuevo tipo de construcción a la carta que comienza a definir las bases en las que se sostendrá el sector una vez salga del túnel en que lleva varios meses inmersoLa crisis financiera y crediticia que ha llenado de incertidumbres el día a día de muchas promotoras, llevando a muchas de ellas a tener que recurrir al temido concurso de acreedores, ha impulsado, sin embargo, dos nuevas tendencias con notables posibilidades de crecimiento de cara al futuro. Por un lado, la diversificación del negocio hacia el segmento de las energías renovables, que lideran la agenda comunitaria dentro de las exigencias medioambientales de cara a la próxima década. Por el otro, el surgimiento de una tendencia hacia la construcción sostenible, que se provea de elementos biodegradables y no contaminantes, con el que atender, sobre todo, las expectativas de imagen y marca de muchas empresas. Un nuevo tipo de construcción a la carta que comienza a definir las bases en las que se sostendrá el sector una vez salga del túnel en que lleva varios meses inmerso.
Poco antes del verano, Acciona Energía, división del conocido homónimo grupo empresarial español que se encuentra presidido por José Manuel Entrecanales, anunció que había finalizado la construcción de la mayor instalación solar fotovoltaica del mundo, con 46 MW de potencia, en la pequeña localidad de Moura, un diminuto municipio portugués cerca de la frontera con España. Tras haber concluido con éxito la conexión a la red de la planta Nevada Solar One en Estados Unidos, Acciona ponía en marcha una planta de energía solar que cuenta con una extensión de 250 hectáreas, y que producirá 90 millones de kilowatios (Kw) cada año, que servirán para satisfacer las necesidades eléctricas de 30.000 hogares de la nación lusa.
La central, que tiene por nombre el de Almareleja, poseerá 2.520 seguidores solares Buskil, de 141 metros cuadrados, donde, cada uno de ellos, albergará 104 módulos de solicio policristalino de 170 Wp de potencia. En un semestre, la central aportará el 30% de los 150 megawatios (Mw) de generación fotovoltaica marcados en el Programa E4 de Eficiencia Energética y Energía Renovables aprobado por el Gobierno de Portugal. De esta manera, España se asienta en el liderazgo tradicional en renovables que mantiene, junto con Alemania, en el continente europeo desde hace años, dando muestras de la buena salud y las excelentes proyecciones que se tiene sobre el sector eléctrico verde de cara al futuro.
Para qué sirven
El Instituto para el Desarrollo del Ahorro Energético (IDAE), define energía renovable como "aquélla que se obtiene de fuentes naturales virtualmente inagotables", bien sea por la cantidad de energía que contienen o porque son capaces de regenerarse por medios naturales.
La importancia de las energías renovables radica en que permiten lograr una mayor eficiencia y ahorro energéticos, gracias al bajo impacto ambiental que poseen y a las subvenciones que reciben por determinados organismos naciones y europeos. Las principales son la biomasa, la energía solar (térmica o fotovoltaica), la eólica, la geotérmica y la maremotriz. El desarrollo en nuestro país de estas energías verdes está a la cabeza en el continente europeo, con un liderazgo sólido, especialmente en la generación mediantes placas solares y molinos de viento.
A nivel gubernamental, dos organismos velan por su implementación. Por un lado, el IDEA, dependiente del Ministerio de Industria. Junto a él, se encuentra el Departamento de Arquitectura Bioclimática del Centro Nacional de Energías Renovables, que se ocupa de investigar nuevas formas de edificación que minimicen los problemas energéticos y medioambientales, para lo que propone soluciones concretas de diseño que se adapten al clima en el que se encuentran, ahorrando energía y aportando mayores niveles de confort a los usuarios. Sus competencias vienen definidas por el Ministerio de Educación y Ciencia.
La dependencia energética española
Según Eurostat, la oficina de estadística comunitaria, España es la gran isla energética del panorama eléctrico europeo, tras situarle, a datos de julio, como el séptimo país de la UE con mayor dependencia energética del exterior. Según el estamento del Viejo Continente, las importaciones por este segmento supusieron el 81,4% de su consumo, frente al 52,8% de media entre los Veintisiete Estados miembros. De hecho, durante 2006, el consumo de energía por parte de España fue de 143,9 millones de toneladas, mientras sus importaciones apenas superaron los 123 millones. Sólo Chipre, Malta, Luxemburgo, Irlanda, Italia y Portugal se situaron por encima. Nuestro país, cuya energía proviene en un 60% de las centrales de ciclo combinado que combustionan hidrocarburos, es cada vez más dependiente de las materias primas del exterior, tal como anunció la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe de previsiones. Este organismo estima que las necesidades españolas de crudo durante 2008 crecerán un 1,1% respecto a las que tuvo en el ejercicio anterior. Mientras, la demanda mundial de oro negro crecerá en 80.000 barriles diarios, hasta que en 2030 supere los 113 millones de barriles diarios, casi un tercio por encima de la producción actual de petróleo.
Sin embargo, el mapa energético español muestra un envidiable 'mix' de generación, en el que seis grupos distintos cuentan con una presencia sobre el total de alrededor del 10% o más. La energía hidráulica, según datos de la patronal del sector Unesa a cierre de 2007, mantiene el liderato con un 20,2% de potencia instalada sobre el total, o lo que es lo mismo, 16.658 Mw. En segundo lugar, se sitúan las centrales de ciclo combinado, con un 19,9% y 16.736 Mw. En tercer lugar se posiciona el carbón, con un 14,5%, es decir, 11.934 Mw. La energía generada en centrales eólicas se coloca cuarta, con una presencia del 13,7% y alrededor de 11.239 Mw.
La apuesta por las renovables
En 1997, los países firmantes del Protocolo de Kioto asumieron el compromiso de reducir en el periodo 2008-2012 el 5% de la base de vertidos contaminantes a la atmósfera de 1990. Los resultados hasta la fecha han sido desalentadores, ya que las emisiones han crecido en torno al 10% por la falta de concienciación de los países emergentes y, también, por la posición de EEUU, que emite la cuarta parte del CO2 mundial, y que se ha negado sistemáticamente a ratificar Kioto.
Según Eurostat, el 40% de la energía que se consume en la UE tiene usos industriales o para el sector servicios. En diez años, el organismo comunitario prevé que se alcance la paridad. Además, adelanta que implementando medidas de ahorro destinadas a lograr una mayor eficiencia así como un mayor uso de energías renovables, se podría reducir la factura energética, uno de los grandes males del continente, ya que se deben importar del exterior la gran mayoría de las materias primas energéticas. De hecho, la Comisión Europea establece en su memoria anual de 2007 que el sector de la construcción es uno de los que tiene una mayor proyección para poder mejorar la eficiencia energética, ya que, en diseño mismo de un edificio puede ahorrase hasta un 65%, gracias a diferentes estrategias que van desde el emplazamiento de un edificio hasta los elementos que conforman habitáculos como la cocina o el baño.
En España, hace apenas unos meses, durante la celebración del XIX Congreso Mundial del Petróleo que tuvo lugar en el Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, instó a la UE a diseñar un "abanico de medidas" para reducir el consumo de crudo, que, según su opinión, pasa por adelantar la estrategia comunitaria de lograr que, para 2020, el 20% de la energía primaria provenga de energías renovables. Para Sebastián, resulta "insostenible" que países como España consuman 400 millones de barriles de petróleo cada año, porque eso provoca un déficit de 15.000 millones de euros en la balanza comercial. En la misma línea, el Jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero destacó que “si no decidimos hacer el esfuerzo por las renovables y aceptamos la nuclear, no haremos el esfuerzo por la energía del futuro”.
La construcción sostenible
Una nueva modalidad de construcción de inmuebles gana peso en los últimos meses. Una en la que, según el consenso de los expertos, se “sentarán las bases del sector de cara a los próximos años”. Es la denominada 'construcción sostenible', que se preocupa, junto a una construcción eficiente y segura, de proveerse de elementos biodegradables que fomenten el ahorro energético y no dañen el medio ambiente. Para David Lázaro, director de ingeniería y sostenibilidad de CB Richard Ellis, “cada vez hay un espectro mayor de mercado para la construcción sostenible”. En su opinión, el cliente, a igualdad de oportunidades, prefiere “identificarse con compañías que construyen y ayudan a la sociedad”.
Sólo en EEUU, por ejemplo, la demanda de viviendas que sean tecnológicamente eficientes, por medio de medidas como el uso de la reflexión de la luz en sus habitáculos, o la instalación de instrumentos que aprovechen las energías renovables del entorno, como a través de paneles solares, ha crecido entre un 40% y un 50% en el último lustro. En concreto, el experto de CBRE cifra en el segmento destinado a oficinas las mayores expectativas de crecimiento del 'sector verde'. Y pone un ejemplo, las oficinas de su entidad en Torre Picasso han logrado un ahorro “en el entorno de los 2.000 euros mensuales” gracias a la implementación de medidas relativas al aprovechamiento energético.
Lázaro adelanta que el movimiento pro-renovables dentro del sector inmobiliario está creciendo exponencialmente y que, cada vez más, el mercado demanda no sólo construir rápido y barato sino hacerlo de forma eficiente y sostenible. En concreto, señala el cambio de políticas de empresas como Acciona, Iberdrola y varias promotoras, que han comenzado a seleccionar a sus proveedores según la manera en que tienen de trabajar sus materiales según patrones responsables. Fruto de ello es la proyección que diversas entidades están realizando sobre Fundación Entorno, una iniciativa que pretende, según fuentes de la misma, ‘asesorar a las empresas sobre las ventajas del desarrollo sostenible’, que, a largo plazo, pueden promover un ahorro mensual "entre el 5% y el 19%".
Menos optimista se muestra Miquel Echavarren, consejero delegado de Irea, quien asegura que el advenimiento de la crisis “mató por completo una leve tendencia que se estaba dando a comienzos de 2007”, por medio de la cual algunas promotoras pedían asesoramiento sobre la posibilidad de diversificar sus inversiones a los sectores eólico o solar. Este directivo critica, sin embargo, que “el crecimiento desorbitado del sector inmobiliario en los últimos años fue muy potente pero poco sofisticado”, debido a que “la gestión financiera y la capacidad de innovación tuvieron muy poco desarrollo”. Esto se tradujo en que apenas se invirtió para dinamizar el sector y hacerlo más eficaz, por lo que los efectos de la desaceleración están siendo más agudos aún de lo que debería haber sido. Y advierte de que, en su opinión, las compañías de ladrillo que sobrevivan a la crisis no parece que actuarán en un sentido diferente.
Otro directivo de una conocida consultora inmobiliaria que prefiere guardar el anonimato afirma que la única manera de unificar energías renovables, desarrollo sostenible y sector promotor es apostar de una vez por todas por medidas fiscales que incentiven tanto a la oferta como a la demanda. Pero también sentencia que esto no se producirá porque las empresas se acomodarán a la nueva situación cuando todo se recupere, repitiendo viejos hábitos del pasado.
Por el momento, el ejemplo más innovador en España referente a la construcción sostenible lo representa la inmobiliaria navarra Erro y Eugui, una veterana entidad con más de cuarenta años de existencia y que está forjando la construcción de pisos a la carta, dando la posibilidad a los clientes de cambiar las calidad de sus futuras propiedades sin el menor coste, gracias a que posee una constructora propia que le permite fluctuar con el precio de los materiales. Esto les ha permitido mantener su nivel de ventas en Pamplona y sus alrededores, e, incluso, plantearse el traslado de sus actividades a otras regiones.
La inversión en renovables
“Las empresas constructoras se están tomando muy en serio su diversificación hacia las energías renovables y han comenzado a establecerse objetivos concretos a largo plazo para su expansión en el sector”. Así de contundente se manifiesta Manuel Romero, jefe de la división de energías renovables del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat). No se equivoca: en los últimos años, la apuesta por este sector ha crecido sin parar. Tanto es así que las perspectivas actuales son inmejorables, como manifiestan desde Inasmet, una fundación privada dedicada al desarrollo sostenible, donde prevén que el sector de las renovables “atraerá un gran número de inversores en los próximos años”. Mientras, desde la propia industria, José María González Vélez, presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), afirma que “la previsión de crecimiento del sector de renovables en todo el mundo es exponencial y la industria española parte de una privilegiada posición, que debería mantener e, incluso, potenciar”.
Sin embargo, la crisis está alterando el panorama verde de las empresas inmobiliarias españolas. Hemeretik, por ejemplo, compañía presidida por el empresario Felipe Ares, se vio obligada a vender en el verano su filial, Helium Energy, a un fondo estadounidense, Hudson Clean Energy, para poder satisfacer las obligaciones económicas que mantenía con sus proveedores. La entidad realizaba desde hace años actividades para el sector público en construcción, gestión de residuos y alumbrado público a través de las empresas Tiferca, Tracsa, Stachys y Ateia. También poseía una promotora inmobiliaria, Greco, y contaba con pequeños intereses en el sector hotelero. La operación le reportará 50 millones de euros, más la posibilidad de otros 50 millones en función de la buena marcha del proyecto. Desde la compañía se ha asegurado que esta operación permitirá “encarar el futuro con excelentes posibilidades de inversión, y hacer frente a las dificultades de la crisis actual”. Helium Energy cuenta con intereses en los sectores eólico y fotovoltaico en España y en diversos países europeos, así como plantas de producción de biocombustible. La operación incluye el traspaso de la plantilla de la división de renovables, compuesta por 24 personas y que se encuentra dirigida por Pedro Barriuso.
Algo parecido ha sucedido con el grupo Urvasco. Esta entidad, propietaria de Vizacaína de Edificaciones y promotor de edificios como las torres Isozaki de Bilbao, la antigua fábrica de Cruzcampo en Sevilla, el hotel Puerta de América de Madrid o los hoteles Silken, se convirtió hace unos años en uno de los pioneros del sector al decidirse por diversificar su negocio hacia las energías renovables. El emporio, presidido por Antón Iráculis, un antiguo aparejador fanático del arte y convertido en promotor inmobiliario, se hizo en pocos ejercicios con una cartera de instalaciones eólicas que sumaban 148 Mw de potencia, en distintas regiones de España, pero, sobre todo, en Aragón, Catilla La Mancha y Andalucía. Sin embargo, durante el verano su deuda financiera se disparó por encima de los 2.000 millones de euros, por lo que se vio obligado a vender toda su división energética para evitar la entrada en concurso, recurso al que se vieron abocadas algunas de las teóricas grandes del sector, como Astroc, Urazca o Llanera. El gigante alemán RWE fue el comprador único de todos sus activos eólicos, por los que pagó el pasado mes de junio alrededor de 250 millones de euros, que, según directivos de Urvasco, permitirá asegurar la supervivencia de la compañía, por lo menos, durante el próximo año y medio.
Ahora, el grupo debe buscar el acuerdo con bancos y cajas para refinanciar los 1.835 millones de euros en pasivo a corto plazo que debe afrontar de cara a los próximos meses. En 2008, está obligado a satisfacer al vencimiento de 335 millones mientras que en el próximo ejercicio tiene que abonar alrededor de los 500 millones. Para ello, está pensando también en recortar drásticamente su departamento hotelero, una de sus enseñas principales, y que ha sido protagonista en la edificación de algunos de los hoteles más prestigiosos de la última década, como el Puerta de América, un cinco estrellas vanguardista con diecinueve plantas, el Puerta de Castilla y Puerta de Madrid, el Indautxu de Bilbao y el Amara Plaza de San Sebastián, entre otros.
Por si fuera poco, Urvasco también está sufriendo muchos problemas en Reino Unido, donde se encuentra construyendo un hotel de cinco estrellas, que está cosechando importantes retrasos y sobrecostes.
En el otro lado de la baraja, Acciona sigue decidida a apostar fuerte por el negocio de las huertas solares, tras anunciar a finales de septiembre que invertirá 152 millones de euros para la construcción en Navarra de las dos huertas solares de mayor potencia en España. Ambas plantas, ubicadas en Corella y Bárcenas, sumarán 21 Mw de potencia. La huerta solar es una idea registrada por el grupo de José Manuel Entrecanales, con objeto de acercar a los pequeños inversores la posibilidad de invertir en renovables. El fin es invertir en una serie de instalaciones de generación eléctrica fotovoltaica que comparten infraestructuras y servicios. En los ocho años que lleva en marcha esta iniciativa, Acciona ya ha puesto en marcha 18 huertas solares.
El grupo de inversión y gestión en parques logísticos y comerciales Coperfil Real Estate ha creado recientemente una sociedad para invertir en energías renovables, denominada Core Energy. Inicialmente se encargará de implantar y explotar plantas fotovoltaicas integradas arquitectónicamente en las cubiertas de sus edificios, aunque también está estudiando entrar en el negocio de la implantación de generadores eólicos. Las previsiones de la compañía de cara a finales de 2009 contemplan una inversión total de unos 12 millones de euros para aumentar la potencia instalada en diferentes parques de Coperfil Real Estate Group hasta los 3MWp.
Otro que parece decidido a apostar por el sector verde es Fomento de Contrucciones y Contratas (FCC), una de las tres constructoras nacionales más importantes, que adquirió a finales de verano dos parques fotovoltaicos en Córdoba a la británica Sky Global Solar. Unos meses antes, la entidad había obtenido otros 420 Mw eólicos. Ambas instalaciones se encuentran situadas en Córdoba, en las fincas Cortijo Viejo y Sierrasita, en una superficie que, conjuntamente, suma 186 hectáreas, y que permitirá tener una potencia instalada de 20 Mw. De esta manera,
Espelsa, la filial de FCC dedicada a energías renovables, cobra importancia dentro de la compañía y permite acercar al grupo a los objetivos enmarcados dentro de su Plan Estratégico 2008-2010, que prevé unos gastos de alrededor de 4.100 millones de euros en los próximos tres años, y que incluye la inversión en el sector energético, ‘especialmente en las áreas de cogeneración, eficiencia energética, energías renovables y la aplicación de nuevas tecnologías para la valoración energética de los residuos’. Precisamente, el responsable de dicha área de negocio es, desde hace unos meses, Eduardo González, que durante muchos años presidió con notable éxito el Foro de la Industria Nuclear Española.
Hace sólo unos meses, el grupo controlado por Esther Koplowitz había llegado a un acuerdo con el Grupo Australiano Babcock & Brown Wind Partners (BBW) para la compra del 100% de su cartera de parques eólicos en España, que poseía a través de la sociedad Olivento SLU, por un importe de 190 millones de euros. Este grupo era el sexto productor eólico de España, con una facturación anual de 100 millones de euros y presencia en cinco regiones españolas (Andalucía, Galicia, Aragón, Castilla y León y Castilla-La Mancha).
Conclusión
A pesar de la reordenación del sector inmobiliario, que previsiblemente proseguirá en los próximos meses, la pujanza del segmento de renovables parece permanecer intacta, con la llegada cada vez mayor de capitales procedentes de los sectores más importantes de la economía, también del de la construcción. La diversificación hacia las energía verdes debe ser, con todo, analizada con sumo cuidado por parte de las compañías, puesto que sus rendimientos son a largo plazo y podrían condicionar excesivamente su pasivo de cara a afrontar las obligaciones contraídas con los acreedores, más si cabe en una época de estrangulamiento en el acceso al crédito como lo es la actual. Teniendo en cuenta esta premisa, las compañías que realicen una apuesta más decidida por un sector con notables proyecciones de éxito de cara al futuro, como lo es el de las renovables, se encontrarán mejor posicionadas una vez que se recupere la normalidad económica y financiera y se hayan superado las incertidumbres propias de la crisis.





